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Hubo un tiempo en que yo fotografiaba historias tristes.
Pensaba de hecho que era mucho más valioso, más importante, más real.
Ser fotógrafa de bodas desde luego, no estaba en mis planes.

Pronto descubrí una nueva ola de artistas jóvenes que hacían una fotografía de boda arriesgada y nada convencional. Me enamoré de algunos y de su trabajo, aprendí un poquito, -y aún sigo haciéndolo-, y me di cuenta que, aquí, saltarse las normas también era posible.
Me di cuenta con mis primeras bodas de lo maravillosa que podía ser mi existencia si lo que veía tras mi cámara eran historias bonitas.
Me di cuenta de lo excitante que era vivir el emocionante directo de una boda.
Me di cuenta de que, así, podía enamorarme 20 o 30 veces al año, podía ser más feliz cada semana, podía conocer gente genial y lugares increíbles.

“Me has hecho llorar. Me tiemblan las piernas…Que gran artista eres. Que maravilla es ponerse delante de tu cámara, porque es como si no hubiera cámara, te mimetizas, te vuelves aire para capturar la esencia. Y yo solo puedo darte las gracias una y otra, y otra vez” Paula Llodrá

Yo no podría escribir nada mejor sobre mi trabajo.
Así que solo tengo que contar la historia de tu día.
Cuando las fotografía tienen alma, te pueden temblar las piernas, revivir el momento, y hasta olerlo.

No te engañaré intentando hacer que seas quien no eres, ni tiraremos fuegos artificiales para decorar tus fotos.
No ganaré premios con fotos espectaculares, ni nadie dirá que he hecho un fotón.
“Solo” contaré la historia de TU día, sin grandes pretensiones.
Solo pondré en imágenes lo que tu sentiste con emociones y lo que contarás con palabras a tus nietos.

Y entonces contaré la historia más bonita del mundo cada vez que me vuelva a casar.

Gracias por estar aquí.
Soy afortunada por vivir de lo que amo, y amarlo tanto.
Soy afortunada por conoceros y por tener, cada año, muchos amigos más.

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